Historia de una Causa Simbólica: la Aprobación de la Proposición 8 en California

Uno de los procesos más interesantes de las pasadas elecciones de Estados Unidos fue el papel jugado por la comunidad afroamericana en la aprobación de la proposición 8, nombre de la petición popular de enmienda constitucional que limita la definición de matrimonio a la unión entre dos personas de distinto sexo. La sorpresa no fue tanto el alto porcentaje de afroamericanos que votaron a favor (de acuerdo a unas encuestas a pie de urna de la CNN aproximadamente un 70%), sino que ésta comunidad votara a la vez en un 95% por un partido, el demócrata, que en California hizo campaña en contra de dicha proposición. En comparación, el 79% de demócratas de raza blanca votaron por la derrota de dicha proposición.

Además de la asociación con Barack Obama y su partido, el recuerdo del movimiento de los derechos civiles parecía asegurar la derrota de la proposición: no parecía lógico que en las elecciones en las que simbólicamente se podía culminar dicho movimiento, con la victoria del primer candidato afroamericano, pudiera a la vez a aprobarse la supresión de unos derechos ya obtenidos por otra minoría. Efectivamente, parecía extraño que los mismos votantes fueran a propiciar tan histórica victoria y derrota.

Aunque no tiene nada de extraño que una minoría contribuya a la discriminación de otra—compiten por los mismos recursos y espacios sociales—, éste factor no es aplicable en la discriminación de la minoría homosexual, que es transversal en lo económico. De modo que la discriminación fue puramente ideológica y no está reñida, pese a lo que pueda parecer a primera vista, con el movimiento de las libertades civiles, el cual, con todos sus elementos socialmente revolucionarios, siempre estuvo arraigado en la religión.

Algunas causas de este arraigo son claras. Las minorías suelen verse obligadas a mostrar su respeto por las tradiciones para reclamar el cambio: las peticiones de cambio en contra del sistema están reservadas para aquellos que son parte de la clase mayoritaria o incluso de una élite intelectual. Del reverendo Martin Luther King al reverendo Jesse Jackson, los líderes de la comunidad negra han sido líderes religiosos y, si bien revolucionarios en lo social, más proclives a un orden moral conservador.

En un país diferente a Estados Unidos, Luther King podría haber sido un líder marxista, pero en el contexto de la Guerra Fría y el consabido miedo de la mayoría blanca al enemigo comunista, el líder negro sólo podía ser tradicional; un tradicionalismo que ha marcado de manera definitiva a la comunidad negra posterior, la cual ha encontrado su libertad individual en la religión, no sólo desde un punto de vista personal, sino también porque ha sido el camino para que su libertad social fuera tolerada. En Estados Unidos históricamente no ha bastado con ser un buen ciudadano para proponer cambios políticos, sino que además ha habido que ser un buen súbdito, no pudiéndose en la mente de a mayoría ser lo primero sin ser lo segundo. Durante la campaña presidencial el propio Obama tuvo que recordar habitualmente su religiosidad (con los conocidos problemas con su famoso reverendo Jeremiah Wright y sus controvertidas opiniones), e incluso sonar a predicador; lo cual, curiosamente, constituyó uno de los grandes atractivos del candidato al aunar el tono del líder político y el del religioso.  Aún así fue acusado de radical y socialista. Si un reconocido pragmático como Obama fue acusado de ser un peligroso ideólogo en 2008, ¿cómo no comprender que el movimiento de los derechos civiles sólo pudiera venir de la parcela religiosa y no del laico marxismo ideológicamente predominante en otras latitudes?  El mayo del 68 afroamericano sólo podía tener lugar en una iglesia. El blanco, mientras tanto, sucedió en las universidades con la oposición a la guerra del Vietnam.

Afortunadamente, a largo plazo lo que se dilucidó en Noviembre de 2008 fue una causa simbólica, para unos la primera victoria en la reconquista de la sociedad por parte de la moral tradicional y para otros el último hurra de los tradicionalistas en su camino a la periferia ideológica.  Y es que parece difícil que el Tribunal Supremo de Estados Unidos no acabe declarando la inconstitucionalidad de la Proposición 8, si es que antes no ha sido revocada en otra elección a través de una nueva enmienda.  El principio parece sencillo: las sociedades evolucionan cuando las minorías ganan derechos, no cuando los pierden.   A corto plazo la causa tiene poco de simbólico; la enmienda fue válida al día siguiente de las elecciones, momento desde el cual en California está prohibido expedir licencias matrimoniales a parejas del mismo sexo.

Así que de momento nos quedaremos con el dato de que a finales del año 2008, más de siete millones (alrededor del 52% del electorado) de los habitantes del estado de California, uno de los más progresistas de EEUU y una de las regiones más prósperas del planeta, votaron a favor de la privación de los derechos de una minoría.  Así que nada más, ni nada menos, que una derrota simbólica…

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