Magia Negra Vecinal

Declaro mi alivio y preocupación (dependiendo del momento tengo una u otra sensación o una combinación de ambas que va del preocupado alivio a a la aliviada preocupación) ante la sugerencia de que estamos protegidos por unas fuerzas del orden preparadas para hacer indistintamente de Padre Karras (Diario Última Hora 17/10/2010: La Policía irrumpe durante la celebración de un rito satánico y de magia negra en Palma) y poner multas de tráfico. Si ser policía ya es, por definición, moverse en el límite de lo paranormal (la única autoridad que el ser humano esta preparado para ejercer es la del ejemplo “los sabios siempre predican con el ejemplo, me dijo el maestro, si te gusta lo que hago sígueme; si no, déjame en paz y apártate que seguramente tendré que recular para salir del lío en el que me estoy metiendo, como demuestra el que ni alguien como tú me siga…”); ¿qué delito describe esta noticia?; ¿una barbacoa ilegal?; ¿uso de restos animales descuartizados carentes de arroz y, por consiguiente, no definibles como paella según el Diccionario PanHispánico de dudas? ¿Acaso las leyes del estado español prohíben los ritos satánicos (en cuyo caso estaré preocupado por que las que hagan de padre Karras sean las leyes)? Y la gran pregunta: aparte de la programación completa de Telecinco, ¿hay pruebas científicas de la existencia de fenómenos paranormales?

Las fotos de la noticia describen la magnitud del evento. Los ritos eran más “satanitos” que satánicos y la parrilla mostrada era sólo adecuada para practicarle ritos satánicos a una morcilla, pues para el costillar iba a hacer falta una fuego más importante. ¿Qué no cunda el pánico? No si un vecino de la zona puede evitarlo:

«Con el tema de la magia negra y de los hechiceros sabemos que hay mucha leyenda, pero los que vienen aquí no son niñatos para jugar. Estos se dedican profesionalmente y hacen conjuros y ritos…”

Un vecino de la zona a Ultima Hora…

Es una de las grandes carencias de La Biblia que pierda el tiempo en episodios intrascendentes como el Retorno del Hijo Pródigo y no tenga unas palabras de apoyo para La Opinión del Vecino de la Zona, siempre tan perfecta y satánicamente inepta. ¿Un asesino en serie en el vecindario? Al vecino de la zona siempre le sorprenderá la noticia y nos contará que “parecía una persona de los más normal, siempre correcto al cruzarte con él, si bien es cierto que algo reservado” (¡cómo no iba a ser reservado si empleaba su tiempo en descuartizar cadáveres!). ¿Por qué siempre dicen lo mismo! Sospecho que existe una agencia de noticias de vecinos-de-la-zona que, a imagen y semejanza de las agencias de noticias convencionales, reciclan una y otra vez las mismas informaciones y comentarios. El fútbol es así y los vecinos de la zona también.

Y llegamos a la cuestión que ha dividido a escuelas filosóficas y corrientes de opinión, ¿existe un vecino de la zona bien informado? ¿Se organizan los barrios para mandar a los más embobados a atender a la prensa mientras que los más atentos están concentrados en su misión, como esa señora del cuarto que vio como el asesino del tercero descuartizaba a la víctima del segundo, o ese mirón del quincuagésimo segundo (aficionado a la astronomía) que espía a la vecina del primero? Que estas letras sirvan de homenaje a tantos cronistas silenciosos (¿es el concepto cronista silencioso una contradicción en términos?) en los que yo, al contrario que Platón, sí creo…

Es de alabar que los historiadores lideren la causa contra las opiniones de los vecinos-de-la-zona. O habría que decir la mayoría de los historiadores, pues hubo uno que utilizaba en sus investigaciones las opiniones de los eternos despistados. Los lectores de historia ya habrán adivinado que me refiero a Guy de Hastapó (Dalterra, 1908-1991), veamos un ejemplo de su trabajo:

Adolfo Hitler (1889-1945), político alemán de origen austriaco, sanguinario dictador responsable de la ejecución de millones de judíos que utilizó el antisemitismo como pegamento de cohesión social de una militarizada alemania y de quien los vecinos del tranquilo pueblo austriaco de Braunau am Inn decían que “era un niño muy educado, algo reservado, siempre correcto e incapaz de matar una mosca…”

Ah, la moscas, ya aparecieron las moscas. Y es que los vecinos-de-la-zona muestran una enfermiza predilección por ellas y siempre las utilizarán como medición del grado de bondad de un sujeto. Así que uno sospecha que una de las razones por las que la Internacional de Vecinos-de-la-Zona colaboró con el Tercer Reich convirtiéndose en útiles informantes y delatores fue por el compromiso personal de Hitler de no buscarse problemas con las moscas. Y no se los buscó.

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