Sobre los Laberintos

Nota: De ésta guía quedan excluidos todo tipo de laberintos prefabricados, para los cuales existen múltiples y muy completas guías que el lector podrá encontrar en la sección de autoayuda o jardinería de cualquier librería. Habiendo este autor mostrado en innumerables ocasiones su torpeza con la azada y su escasa habilidad para autoayudarse, se limitará a tratar aquellos laberintos de fabricación individual también conocidos como personalidad.
Reconstrucción de laberinto según testimonio del profesor Rubén J. Garastiforme

Opción A: Ruta Turística.

Disculpen la obviedad, pero querer salir de un laberinto es la mejor forma de atraparse una y otra vez en sus góticos engaños. Así que si quiere conocer todas y cada una de las calles y esquinas de su laberinto no lo dude: intente resolverlo y prepárese para deleitarse con la dulce condena del irremisible fracaso de toda estrategia. Y es que un verdadero laberinto personal jamás tiene salida. Recuerde que lo diseñó de tal manera que fuera imposible salir. O, siendo precisos, para que le fuera imposible salir a usted, ya que no olvidemos que es condición de los laberintos mostrarse tan vulnerables para el observador como inexpugnables para el prisionero. Así que deje de intentar resolver el laberinto y disfrute de la experiencia. ¿Esperaba más de la capacidad de este humilde guía? ¡Pues la próxima vez se construye una caseta para el perro y no un laberinto! Y un poco de paciencia: la ruta turística no tiene por objeto la salida del laberinto, sino el disfrute de sus pintorescos lugares.

Opción B: Para salir del Laberinto

Para saber si está preparado para esta opción pásese la mano por la frente, o, en su defecto, la frente por la mano. ¿Hay rastro de golpes o magulladuras? De ser la respuesta afirmativa ya puede salir del laberinto. Ahora ya sabe que los laberintos personales no se resuelven, sino que se tiran a cabezazos. Como diría el gran poeta de los laberintos Adolfo Escardante-Edwards; “un Laberinto en la cabeza, una cabeza para los Laberintos…”

Si tiene magulladuras en la frente pero el laberinto sigue en pie, fíese de éste su guía y pegue un par de cabezazos más. ¡Cuántos laberintos se han abandonado un par de cabezazos antes de lograr el derribo! Está cansado, no puede más, se pregunta si vale la pena derribar un laberinto con el que ya se ha acostumbrado a convivir…, debilidades que le llevan a olvidar esa gran fortaleza que a estas alturas ya casi ha descubierto: que no hay parte de la anatomía humana más resistente que la cabeza. ¡Cuántas uñas y nudillos se han desgraciado aquellos que, impacientes, la emprendieron a patadas y puñetazos con sus laberintos! Así que un par de cabezazos más. Y quien dice un par dice un par cientos.

Opción C, o la del Novato Inquieto

Si su cabeza está carente de toda magulladura y no ha elegido el entretenimiento turístico, entonces se ha encerrado recientemente en el laberinto. Recuerde que el laberinto se va creando de dentro a fuera con usted en el centro hasta que un día, cansado de lo que creía que era una construcción y resultaba ser un laberinto, decide salir, actitud con la que inaugura el laberinto. Conviene recordar que la única diferencia entre un laberinto y una construcción personal es que del laberinto se quiere salir. ¿Hay alguna forma rápida de salir de un laberinto? Sólo una: buscar una dirección fija y dar constantes y continuados cabezazos en la misma dirección, lo cual, aparte de aburrido, es bastante difícil, pues rudimentarias herramientas físicas del estilo de brújula y compás son inútiles. En la tienda de Guía para Laberintos puede comprar un casco diseñado especialmente para pegar cabezazos en la misma dirección. Repito, ésto no es fácil, si bien no les negaré que hay consumados especialistas en tan ridícula disciplina y que no todos están en política.
Añadir al Carro de la Compra el Casco Laberíntico para pegar cabezazos en la misma dirección de forma continuada (si el enlace no funciona es que el artículo está definitivamente agotado o requisado por las autoridades).

La estrategia de pegar cabezazos en la misma dirección y encontrar una salida rápida al laberinto plantea el problema de que cuando haya salido del laberinto siempre querrá volver a entrar; ya lo dice dice el refrán “laberinto no derribado, laberinto remodelado”, así que, teniendo en cuenta lo fácil que le ha sido construir una salida, antes o después querrá recuperarlo con estudiadas mejoras personales. De este modo estará haciendo más complejo su laberinto, así que para muchos expertos el cabezazo unidireccional, lejos de ser una forma de resolución de laberintos, es más bien un método de construcción encubierto.

La opción del cabezazo unidireccional es, en opinión de este guía, algo así como un laberinto de fin de semana. Si bien este no pretende ser un trabajo académico sobre los laberintos, mencionar que no hay acuerdo entre los expertos sobre si un verdadero laberinto permite esta opción. Como dice el profesor Rubén J. Garastiforme en su clásico Laberintos de Distrofia:

“…el verdadero laberinto es el que desorienta lo suficiente como para no permitir dar cabezazos en la misma dirección. Precisamente, la confusión en cuanto a la dirección es la que marca la esencia del laberinto. Los términos orientación y laberinto son contradictorios…

Siguiendo con el gran Garastiforme , es a él a quien debemos la revolucionaria reflexión de que que mientras el laberinto siga en pie no debiera recibir este nombre sino simplemente el de personalidad. Como tantos grandes pensamientos y descubrimientos, éste también estuvo ayudado de la casualidad, pues como cuenta el propio Garastiforme en su autobiografía Te perdiste para encontrarme y para entonces yo ya me había encontrado y vuelto a perder para buscarte…; título, me permitirán comentar, emocionante como pocos y que anticipa diez gloriosos volúmenes que nos devuelven al Garastiforme poético de sus mejores escritos de juventud en conjunción con el estricto pensador de sus años de madurez; decíamos que Garastiforme llegó a esta conclusión al leer la siguiente reflexión anónima encontrada en un retrete, forma literaria de la que el maestro se hizo gran conocedor en un viaje a Méjico.

“El profesor (X) es laberínticamente pesado y aburrido, además de un pedazo de (X)”

(Nota del autor: la eliminación de identidades e insultos no imprescindibles para el análisis de tan elaborada reflexión corresponde al siempre elegante Garastiforme)

Conjeturas sobre los laberintos:

Los laberintos se derrumban, pero jamás deben eliminarse. No haga desaparecer su laberinto: las ruinas de su laberinto pueden ser de gran utilidad a constructores de futuros laberintos. El laberinto sólo le pertenece hasta el día que, ya derrumbado, sale de él para no volver a entrar. Ese día deja de ser suyo, así que no le corresponde eliminarlo.

Los explosivos no son útiles para derrumbar laberintos: la violencia siempre crea nuevos laberintos y además del tipo que conlleva un ridículo gasto en flores, banderas, ataúdes y lápidas. Si quiere ir arreglando la vida a bombazos, no está preparado para el glorioso y antiguo arte del derrumbe de laberintos.

La vida después del laberinto:

Respire y disfrute de la ruina humana en la que le ha convertido la maravillosa acción de pegar cabezazos en paredes con salientes a cual más traicionero. ¿Orgulloso de haber sobrevivido? Debiera estarlo. Así que, desde su presente debilidad, aproveche para disfrutar las pulsiones vitales que sólo desde la vulnerabilidad pueden apreciarse y láncese a vivir un par de experiencias sinceras. ¿Cómo saber si una experiencia es sincera? Buena pregunta, pero responderla ya forma parte de su próximo laberinto, las ruinas del cual, por supuesto, éste y otros guías se deleitarán estudiando en cuanto logre derribarlo.

Un pensamiento en “Sobre los Laberintos

  1. Excelente pagina…voy a leer todos los post (o al menos la mayoria ya que probablemente alguno no me interese en absoluto) cuando tenga tiempo…..saludos suerte

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